Iluso él, perdió la fuente de su poder sobrehumano, la peluca. Dalila un día la cambió por un cartón de cigarros, y así llego a nuestras manos, previa coima de ley. Yo (aka El Tunche) y mi hermano gemelo de distinta madre y padre (aka El Minotauro), contamos con la pelucadesansón, la cual nos adjudica el poder y derecho divino de criticar, joder y pastrulear a quemarropa. Tú! ven y hazte acreedor de alguna mecha de la peluca, poder infinito de opinar y divagar libremente. NO LO LEASSSSS

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27.3.12

Esto es un atraco

Bajé tranquilamente las escaleras y me enfrento a la primera reja. Está cerrada. Busco al guardián del edificio para que abra la puerta pero por allí ni su sombra. Trato de manipular la reja, empujando y jalando, pero nada, no se abría. Atino a mover una pequeña perilla ubicada en la chapa inferior, tapada con varios retazos de gutapercha negra, hasta que escucho un ¡CLACK! Empujo y jalo, pero nada, la reja no cedía. Subo por las escaleras y le toco el timbre a María Inés para que me abra desde el portero eléctrico, y le adelanto que había movido esa perilla escondida entre las gutaperchas. Me mira con cara chueca pero me dice que ya me abre. Bajo nuevamente las escaleras, y frente a la reja escucho el sonido eléctrico del intercomunicador, empujo y jalo, pero nada. María Inés baja para cerciorarse de la situación y luego sube rápidamente a intentar buscar solución. En ese momento, frente a la segunda reja se asoma un joven con una bolsa con 3 limones en una mano y con su manojo de llaves en la otra, abre la reja, y se enfrenta a la primera reja (para mí la primera, para él la segunda). Con una llave trata de abrirla pero sólo podía abrir la chapa superior, no la que estaba trancada. Para este momento yo recién me percataba de un papel que decía con letras fosforescentes “NO TOCAR” y una flecha que indicaba los retazos de gutapercha. El joven de los limones me pregunta: -“¿no hay allí un cartel que dice no tocar?” -“sí le digo, sí hay un cartel que dice no tocar” (y que quería que haga, ya había bloqueado la reja, demasiado tarde ya). En ese momento baja Eugenia, que también quería salir, y se sienta en una banquita que había al costado de la entrada al percatarse de la situación. Un segundo después llega Pamela, queriendo entrar al edificio, y dándose con la sorpresa de que por el momento eso no era posible. Mientras tanto, María Inés se encontraba tocándole la puerta a todos los vecinos en busca de una llave que pudiera abrir la bendita cerradura con gutapercha de la primera reja, o en su defecto un control remoto para poder salir/entrar por el garaje (yo ya había tratado de abrir algunas de las 3 puertas del garaje pero sin suerte alguna), pero al parecer el edificio se encontraba vacío. De pronto llega un patita en su moto, se saluda con Pamela y le pregunta que qué pasaba. -“Nada, vengo donde Esteban, mi psicólogo, ¿y tú?” -“Nada, yo vivo al costado, pero alquilo una cochera acá para mi moto” -“Ah! ¿Y tienes llave?” -“No” -“¿Y control remoto?” -“Tampoco”. En ese momento salió Esteban de su consultorio, que para mí sorpresa, era un amigo del colegio que no veía hace años. De pronto, la paz del “hall” de ingreso de aquel tranquilo edificio barranquino se había convertido en una aglomeración de gente tratando de entrar y salir, cada uno con un motivo diferente. Lo único que le faltaba a la escena era que se asome por allí un sereno en bicicleta y un heladero. Esteban entra en escena y comienza a hacer llamadas, mientras María Inés seguía buscando a los vecinos (hasta el momento inexistentes). Eugenia seguía sentada en la banca. Pamela y el chico de la moto conversando, poniéndose al día. El joven de los limones yendo y viniendo. Yo, el causante y gestor de toda la trama, esbozando una sonrisa, pero también con semblante de interés, no había mucho que pudiera hacer, ya había comprobado que no había forma de salir por el momento hasta que alguien llegase con una llave (con la llave) o con un control remoto del garaje. De pronto, el joven de los limones, en un rapto de lucidez dice: “creo que tengo una idea” “Yo tengo un control remoto en mi departamento, les puedo pasar la llave y alguien entra y lo busca”. La persona indicada para tan delicada tarea era sin duda Esteban, quien en pocos segundos, tal vez minutos, logró traer el control y abrir uno de los portones del garaje. Fue un momento mágico, de alivio, de liberación. Me despido de María Inés. Hago lo propio con Esteban, y salgo casi agazapado y raudo por el garaje, sin volver la mirada, simplemente sintiendo el flujo de humanos que se entrelazaba desde afuera hacia adentro y de adentro hacia afuera, del que alguna vez fue un pacífico “hall” de edificio, dejando atrás la primera, o segunda, reja caprichosa.

7.3.12

A donde Vais?

Quien sabe a donde Vais, lo que sé es de donde venís. Son casi 30 años los que han pasado desde que nos conocimos, en aquel salón de Kinder, acompañados por un Sol radiante. Seria inútil comenzar a narrar todos los momentos que compartimos, fueron tantos, que enumerarlos no haría mas que quitarles su magia. Los iré recordando durante el camino, y entendiendo poco a poco cada lección de aquellos pasajes, o simplemente contemplándolos. Lo que si sé, es que nuestra amistad no fue gratuita, fue de aquellas que se forjan, que se construyen, a veces a cocachos, pero más que todo con experiencias y aprendizajes mutuos. Una amistad horizontal, que no se apuraba y que seguía su ritmo natural, sin importar los tiempos del calendario. Inclusive en algunos momentos donde la distancia prevalecía, el cariño se mantenía intacto. La espontaneidad, la risa y la alegría fueron los pilares fundamentales, pero también la seriedad y la profundidad cuando así se requería. Anécdotas innumerables, pero una de las cosas que no solo marco nuestra amistad, sino también mi vida, fue cada vez que nos adentrábamos a jugar en el garaje de tu casa en Cossio, probablemente con menos de ocho años. Un garaje mágico, de ensueño, el paraíso de cualquier niño. Un garaje lleno de antigüedades, por donde nos escabullíamos y creábamos nuestro propio mundo imaginario, exaltando nuestra creatividad y viajando hasta donde nuestra imaginación nos lo permita. Podría decir que hoy, esa experiencia, me ha servido de alimento para mis sueños y que paradójicamente los tuyos se han hecho eternos. Fuiste un luchador hasta el final, un legado que no debemos pasar por alto si queremos seguir andando por estos lares.
No sé a donde Vais, pero sé que me dejáis una huella imborrable, que cada vez que camine sobre ella te recordaré con la misma sonrisa que me regalabas en cada encuentro.
Hasta más vernos.....Vais!

7.3.11

Los cuatro fantásticos

Todo empieza cuando la leona y yo (o sea la leona) decidimos (o sea decidió) en quedarnos en Lima el fin de semana. Quisimos (quiso) aprovechar de Lima en su estado más hermoso, es decir cuando está desierta.

El viernes en la noche todo hacia presagiar un fin de semanas ocio y gula. El sábado había coordinado para pasar el día en el club junto a la leona, al Minotauro, al Cóndor y su esposa la Poch. Me levantó relax y hago las llamadas de rigor: el Mino se encontraba terminando sus últimos quehaceres laborales (si, no es broma), la Leona ya se encontraba inquieta y el Cóndor me comenta que demoraría más de lo pactado. Sin más el plan se aborta.
Nos contentamos con almorzar juntos en un chifa legendario que queda en un grifo, y matando la tarde en casa del Cóndor viendo una pela bastante mala.

La Leona, obviamente, ya estaba en todo el ajetreo de las coordinaciones para el plan nocturno y el Cóndor desertaba por su nueva vida de burgués. Decidimos ir para mi casa y preparar mojitos.
Hacemos las respectivas compras y se nos une la Actriz, una amiga bastante conocida en la farándula local. Empezamos con los mojitos magistralmente preparados por la leona y la charla se puso amena. El Mino sintonizó a PPK haciendo payasadas con JB mientras los mojitos seguían fluyendo. Se discute el siguiente paso y no se como me veo en un taxi con destino el centro de Lima. Tras llegar a una casona con una puerta de rejas cerrada me cuestionó si fue buena idea venir. La actriz toca la puerta y aparece una cara por la rendija de la puerta escaneando. Nos abre. Al entrar , automáticamente noto como una tira de 20 pelucones vestidos con botas y polos de Metallica negros, lujuriosamente observan a la Leona y la Actriz, que brillaban como dos focos en un lodazal, para más brillo cabe mencionar que yo andaba con un polo rosado, short y sandalias.

Estuvimos un buen rato, entre chelas y miradas no muy amistosas, decidimos partir luego de haber gozado de la escena metalera underground del centro de Lima.

Chapamos un taxi y en el camino decidimos (deciden) que un Karaoke sería una buena idea. Yo tenía mis reparos, pero el alcohol se había encargado de diluir lo que me quedaba de voluntad. Nos bajamos del taxi (no sin antes confirmarle al taxista que la actriz era quien pensaba que era) y nos metimos a un conocido casino en Miraflores. Enrumbamos a la sala de Karaoke y pasmado me sentí en un suburbio de Corea. Sitio abarrotado. Nos enrumbamos al casino de en frente.

La sala de Karaoke era algo más modesta, pero igual de llena. Abortamos el plan. En el último momento La Leona y la Actriz se tentaron con el demonio de la timba, y de monas decidieron jugar en la ruleta.

Ya sentadas en la mesa, aquellos focos brillantes entre hordas de árabes y orientales duchos en la timba se convirtieron en el centro de atención una vez más. En eso un borrachín, de esos que se califican en el argot etílico como un borracho feo, sin ningún tipo de delicadeza arremete contra las chicas de manera brutal. Adopto el papel que me corresponde, parándome frente a él solicitándole amablemente que se vaya a la concha de su mamita, pero el ahora violento beodo se coloca a pocos centímetros de mi cara agrediéndome con su apestoso aliento y con algunas amenazas que no entendí bien. Al notar la insistencia del malcriado, me vuelvo a poner frente a él, cuando me sorprende con una pregunta amenazante : ¨¡¿Tienes algo conmigo comparito?! Y mirándole directo a los ojos le respondo que si, que me gustaba mucho. Mi respuesta lo saco de cuadro y la cosa parecía a ebullir pero gracias a la cordura del Mino y las chicas que avisaron a los gorilas de seguridad acerca del borrachín malcriado, no paso a mayores.

Para evitar problemas subimos al segundo piso para que las chicas puedan perder su dinero en la ruleta tranquilamente. Cosa que no demoraron en hacer… Calculo, sin exagerar, unos 2 minutos. Pero contentas por haber matado al bichito de la timba nos prestamos a salir cuando notamos que el borracho feo volvía a la carga, acercándose a las chicas y profiriéndome algunos insultos. Otro conato, algún beso volado por ahí, y la seguridad lo vuelve a reducir.

Salimos, y bastante alcoholizados dimos por terminada la velada de sábado.

La conclusión cae por su propio peso: Para pasarla bien no importa a donde se vaya o donde se esté, solo basta gente chévere como la Leona, la Actriz y mi hermano el Mino.

28.2.11

Piano piano si va lontano


Hace un tiempo vi esta iniciativa (streetpianos) de poner pianos en las calles y me pareció muy buena. Obviamente lo primero que pensé fue que se debería replicar en Lima. Me hacía ilusión que algún alcalde decida, en vez de comprar ladrillos rojos, y compre un piano y lo ponga en un parque, una plaza o en la mera calle para que el que quiera se siente y lo toque. Ayer caminaba por el parque Kennedy y me di con la grata sorpresa de encontrar un piano, forrado con papelógrafos con diseños de retablos, encadenado a un árbol, custodiado por un sereno y auspiciado por la revista Caretas. Que bueno, por fin un alcalde había hecho algo interesante, una iniciativa simple y barata pero inspiradora, que trae alegría al transeúnte. Sin embargo la alegría no fue plena, porque algunos metros más allá (bien pocos para ser exactos), había un “predicador” gritando “la palabra”. Era imposible concentrarse en los acordes de Chopin o de Fito Paez, por que por la otra oreja te entraba un zumbido de apocalipsis, pecados, arrepentimientos, enfermedades, desgracias y castigos, auspiciados esta vez gracias a una fina cortesía del amor de dios. Dentro de mi tenía muchas ganas que mandar callar al charlatán, que además de estar hablando cosas que no me interesaban, estaba interrumpiendo el goce de escuchar un recital de piano protagonizado por individuos anónimos que mal no tocaban. Pero mi dilema se centraba en el hecho de que por más que discrepaba con los improperios que soltaba el predicador de esquina, este tenía el pleno derecho y la libertad de hacerlo, a pesar de que interfería con mi derecho a escuchar plácidamente las cuerdas del piano. Por suerte, al poco tiempo se calló y continuó con su intento de higiene cerebral pero esta vez “one to one”. Yo dentro de mí tenía ganas de que se me acerque para mandarlo a la mierda, o para empezar una discusión teologal encarnizada, pero por otra parte en ese momento solo tenía ganas de escuchar al dulce piano. Me quedé sentado unos minutos más y luego continúe camino, con una sonrisa en la cara y con la ilusión de que somos una ciudad cada vez más ciudad. El camino es largo, y un piano no es la solución, pero cual Hamelín con su flauta, puede guiarnos para convertirnos en la Lima cosmopolita que no tenga nada que envidiar a cualquier ciudad europea.

PD: La explotación sostenible de la costa verde puede ayudar mucho también, espero que la tía bacana, junto a Ortiz de Zevallos lo hagan de una vez. Arena, mar, diversión y cultura a un paso de tu casa!


16.2.11

Mamarazzi

Recuerdo que me regalaron mi primera cámara de fotos cuando tenía 12 años. Era una Vivitar automática con flash incorporado. Esas típicas maquinas compactas, de color negro, q tomaban fotografías bastante respetables. Para los que no se acuerdan, en esa época había que saber poner el rollo de fotos, y en esos menesteres yo era todo un experto. Aprovechaba al máximo todas las exposiciones (que tal vocablo), al final siempre me salían 37, 38 o hasta algunas veces 38 fotos y media (yo usaba rollos de 36) y siempre enganchaba en los engranajes a la primera, no era fácil, pero yo tenía una técnica infalible. Rebobinar el rollo y mandar a revelar en una hora en Jumbo mate era parte de la rutina. Desde ese tiempo me comencé a interesar por la fotografía, tomaba fotos “artísticas” (al menos para mí eran artísticas), no sólo de personas sino también de paisajes y objetos, porque en realidad desde esos tiempos el objetivo de tener una cámara de fotos era registras los momentos que querías preservar para el futuro y nunca olvidar. Después mi Papá me regaló su Nikon FM10, una de esas que había que enfocar y utilizar el fotómetro, todavía teng

o esa excelente cámara aunque ya casi no la uso. Más tarde, ya en la universidad, llevé un par de cursos de fotografía que me abrieron mucho el panorama y reafirmaron mi gusto por el arte, sin embargo hasta el momento no la he practicado a cabalidad, cosa que en algún momento me gustaría hacer.

La historia cambió con las cámaras digitales, no solo por la novedad, o adaptación de la tecnología, sino principalmente por un tema de costos. Antes te costaba cada foto que tomabas, desde el rollo, hasta la revelada (repito: siempre en jumbo mate). Pero hoy eso ya no es un tema, sólo tengo un único costo que es cámara en sí, que en realidad hay opciones bastante económicas, y listo. Tomo las fotos que quiero, si se me llena la memoria las puedo pasar todas a la computadora o borrar las que no me interesen o hayan salido desenfocadas o mal. Es así que esto ha desatado una fiebre fotografía en la que la gente tiene complejo de fotógrafo de modas y se ponen a disparar el obturador a discreción, tomando miles de fotos que seguramente nunca más volverán a ver. En algunos casos por allí que las suben al facebook, tagean a todo el mundo y allí muere el payaso. A menos que seas alguien muy metódico, que organices tus fotos con algún programa que te ayude a eso o poniéndolas en archivos por fechas, eventos o lugares, pero en realidad no conozco a mucha gente con esas costumbres.

Yo personalmente no soy partidario de esta nueva moda. Me parece que las personas que abusan del uso de la cámara digital lo hacen con frivolidad y sinsentido. Es casi como un tic producto de la cultural juvenil pop, que ya se ha expandido irreversiblemente a toda la población. Algo que en mi época era exclusividad de los turistas japoneses, hoy hasta los más incautos fotógrafos abusan con el uso de sus dedos índices.

La semana pasada vinieron a visitarme mis sobrinos, y tan linda y familiar ocasión tiene que ser registrada a través del lente de la cámara de mi Mamá. Sin pedir permiso ni perdón, comienza la faena fotográfica con el primer rayo de luz natural. De una manera invasiva, intrusiva y agresiva, registra todos tus movimientos, segundo a segundo. Los momentos más cotidianos son registrados espontáneamente, sin aviso. Al mismísimo estilo Paparazzi, queriendo captar cada momento, pensando que capturándolo en algunos bytes, ese momento cobrará un significado especial y formará parte del “museo vivo del pasado de la familia”. Está bonito tomarse unas fotos, registrar los momentos, posar, sonreír, pero de allí a tener un lente observándote (y registrando lo observado) todo el pinche día es abusivo. Donde queda mi derecho a la intimidad y la privacidad. Inclusive creo que la constitución contempla en alguna parte esta figura y ampara al ciudadano cuando estas se ven amenazadas. Yo me siento cohibido e inhibido cuando tengo personas a mí alrededor con una cámara digital, y no es por el tema de una posible exposición indeseada a través de alguna red social, sino por el hecho en sí, de no respetar mi espacio y mi momento. Por otro lado, por más exacto que sea el registro de una cámara digital, ya pones un intermediario entre la realidad y el ojo, no creo que haya mejor registro de la vida que el que hacemos directamente a través de nuestros propios ojos. El que está tomando fotos, y cree que va a capturar el momento de por vida está equivocado, lo que en realidad está haciendo es perdiéndose el verdadero momento.

Si bien me gusta la fotografía, y las buenas fotos, sean de personas, de buenos momentos o artísticas, siempre en su medida justa. Yo creo que mi memoria es la mejor cámara de fotos, mi lente esta ajustado a mi medida y me permite captar selectivamente lo que yo quiera y guardarlo en mi memoria el tiempo que yo decida, y si me olvido del momento pues será por algún motivo que mi inconsciente habrá creído oportuno olvidar, y me acordaré de lo que sea realmente interesante e importante para mí. Es un tema de decisión.

Dicen que un turista japonés regresa a Japón después de un viaje increíble por Europa. Cuando se encuentra con sus amigos estos le preguntan por su viaje, sus experiencias, sus aventuras, etc. A lo que este les contesta: “No sé, todavía no he revelado mis fotos”.


17.1.11

Peruano a bordo

En estos últimos meses me la pasé más tiempo en aeropuertos y aviones que en ¨tierra firme¨. Por momentos me sentí una especie de Tom Hanks lorcho en La Terminal, al desarrollar algunas pericias de superviviencia. Un radar que detectaba Wi-Fi gratis me creció entre los ojos. Ideé un método para hallar los baños menos sucios para efectos de higiene personal. Un par de veces encontré la manera de acomodarme en las salas de espera VIP de los aeropuertos, y hasta logré viajar en primera clase habiendo pagado cero.


Todas esas habilidades me fueron muy útiles e hicieron algo más tolerable las incontables horas de tránsito y espera. Pero hubo algo que me llamó la atención, que se cumplía en todos los casos y me daba algunas certezas de cómo serían losvuelo. Desarrollé la capacidad para detectar otros compatriotas en los aviones.

Nosotros los peruanos...

1) Siempre que viajamos nos ponemos nuestras tabas nuevecitas recién salidas de la caja, y como accesorio nuestro gorrito de los Chicago Bulls.

2) Cuando viajamos, nos van a despedir la abuelita, la sobrina, los primos, los hermanos, el vecino y la trampa.

3) Cuando volvemos de viaje nos reciben los anteriormente descritos pero ahora con pancartas de bienvenido y nos toman hartas fotos.

4) No hacemos cola para entrar al avión. Eso es para europeos torrejas. Nosotros nos colamos sin asco y hasta vendemos cola.

5) Obviamente nos llevamos todos los souvenirs del avión. Sino para que los dan. Tenedor, cuchillo, tasita, almohadas, frazadas, chalecos salvadidas (aguadulce se pone bravo), luces de emergencia y si entraran en la maleta nos llevaríamos hasta las llantas del avión.

6) Hacemos chambear a las aeromozas; cada diez minutos apretamos el botoncito para pedirle gaseosas, chela, una bolsita más de maní, y más chela.

7) Somos observadores. Cada vez que un chica pasa a lado del pasillo, apoyamos un poquito el brazo para ganarnos con la jerma. Y de cuando en cuando le mandamos su psssss a la aeromoza.

8) Aprovechamos cada kilo de equipaje. Metemos 45 bolsas al avión de las cuales la mitad son del duty free.

9) Somos devotos. Al momento del despegue nos encomendamos a todas las vírgenes y nos persignamos como locos.

10) Le demostramos nuestro aprecio al piloto aplaudiendo efusivamente cuando aterrizamos en suelo patrio. Y si nuestra ausencia duró más de una semana gritamos casi con lágrimas en los ojos un Chim-Pum!

11) Somos moscas; ni bien aterriza el avión ya estamos parados sacando nuestros bultos para ganar sitio y salir rapidito.

Estos son unos cuantos detalles que siempre vas a notar cuando un compatriota se encuentre en el avión. Es 100% efectivo, casi como ver el pasaporte guinda.

29.12.10

El día que conocí a Shaneequa

El mes que ya casi termina me la pasé de gira con mi banda por una cantidad considerable de ciudades, pueblos y caceríos del hemisferio norte. Los resultados de dicha gira, a priori, fueron positivos. Hubo de todo un poco y de mucho no tanto. Pero bueno. En una mañana ociosa en medio de un temporal glaseado -que me enjauló en el hotel debido a mi incapacidad para competir contra el frio hipnotizante- transito por el edificio en busca de algo que hacer. Cuando pasan pocos minutos comprendo que ese día pasaría a ser uno de esos que pasan y no dejan nada. De esos parecidos al tránsito de una ciudad, que suman horas pero restan vida. Bueno, de esos. – Leeré para variar- me dije. De regreso al 303, noto la puerta entreabierta. Reconfirmo. Sí… mi cuarto es este. Me pongo en semialerta. Parpadeo y vuelvo a mi estado basal. Estoy en un hotel. La chica de la limpieza. Sin duda sería un día de tránsito y nada más.

Entro al cuarto y me encuentro con una mujer de unos 45 años, negra, gorda como un hipopótamo y con los dientes más grandes y blancos que vi.

Hello le digo en concordancia con mi localización geográfica. Good morning me responde mostrando sus lustrosospremolares y molares. Muy amablemente me informa que aún le faltan diez minutos para terminar de acicalar mi caos. Yo, un poco a la defensiva, le respondo que no se preocupe, que no la apuro. Como es mi costumbre le pregunto su nombre. Responde algo como Shaneequa. That´s a nice name replico. Suelta una carcajada que solo las mujeres de su porte pueden manejar. Pasan unos minutos de silencio. Shaneequa está, por lo que oigo, con una escobilla en el baño tarareando una del Soul Train. Me busca conversación. Le cuento de donde soy, que hago, en especial que hago en ese hotel en medio de territorio yanquee. Cada treinta segundos asoma su cabeza por la puerta del baño para responderme haciendo contacto visual, sabía conversar. Me cae bien Shaneequa. Ahora empiezo a preguntar yo. Siempre he estado mucho más cómodo escuchando y preguntando que hablando y respondiendo. Shaneequa nació en el Bronx. Su mamá era adicta al crack. Nunca conoció a su papá. Eran ocho hermanos y ella es la número cinco. Aunque me aclaró un par de veces que a dos de ellos no los considera hermanos porque aparentemente se portaron bastante mal con ella. Cito: ¨Those pieces of shit…. I hope they die and go to fuckin hell¨. Dudo un poco si no me estoy pasando de preguntón, pero me atrevo y le cuestiono de donde sale tanto odio. Shaneeka sale del baño, deja su escobilla en su carrito de limpieza, me mira muy seria y se sienta en un sillón frente a mi. Creo que ahora si la cagué. Que coño hago preguntándole a la chica de la limpieza sobre sus asuntos familiares. Solo por estar aburrido no puedo ser tan confianzudo. La miro y espero un sacudón. Pero no llega. Se sonríe. Me empieza a contar como fue crecer en un ghetto del Bronx. Como fue crecer sin padre y con una madre ausente y abusiva. Como fue crecer siendo violada por dos de sus hermanos durante cinco años. Como fue crecer no teniendo a nadie a quien decirle lo que le pasaba. Me lo contó con orgullo. Como me imagino un sobreviviente cuenta sus tragedias y como las superó. Por momentos sonreía. Yo no dejaba de oir. A los 16 años dejó Nueva York y se escapó de ese infierno, pero como no sabía que la vida no era necesariamente una caldera, se metió a otro. Fue prostituta por diez años. No lo dijo con vergüenza. Me miraba a los ojos algo desafiante. De nuevo; era una sobreviviente y tenía el derecho a sentirse orgullosa. Yo solo oía. Me contó como era abusada por su proxeneta y como tuvo que escapar nuevamente de más abusos. Se enamoró de un ex cliente. Se casaron. Dejó la prostitución y tiene 3 hijos. Me dijo que era feliz y que su esposo trabaja como mecánico en una fábrica cerca al hotel. Yo solo la miraba y oía. Se quedó en silencio unos segundos con la mirada al techo. Me mira, comparte conmigo su inmensa sonrisa y me dice: ¨I have to finish the bathroom¨.

Parece que esas 24 horas de vacio, que sin duda pasarían al olvido se convirtieron en el día en que conocí a Shaneequa.

6.12.10

Airport


Me baño. Me afeito. Shhh en el ala. Shhh en el cuello. Me visto... Listo. Recontra tiza.
Aeropuerto. Maletas. Esta vez no me joden, me confio. Un aliancista grandazo me mira desconfiado. Le escapo al contacto visual. Me hago el loco. Estoy demasiado tiza.
Hey sir rebuzna el gigante. ¡Ta mare! puteo bajito. Lo encaro.
I need to check your bags me ladra. !Ta mare! puteo más bajito.
Alianza procede a destruir el planificado desorden de mi maleta. Busca y busca pero no encuentra. Se lo toma con calma. Yo no tengo calma. Se me escapa mi vuelo. Me quedé dormido. Apúrate la re de tu p madre, puteo en mi cabeza.
Frustrado por no encontrar algo interesante me mira con sus ojos de buey y me deja pasar.
Aligero el paso. El avión se va. A pesar de todo sigo Tiza. Siguiente parada. Cola pendeja. Espero. Espero. Espero. Me toca. Pongo cara de angelito. Las huevas.
Could you step aside sir? escucho en tono imperativo. ¡ La reputamadre! vuelvo a putear bajito.
Me saco los zapatos. Me revisan mi mochila. Me introducen en esas máquinas nuevas. Me ven calato. Me liberan.
Ahora estoy corriendo desbocado. El avión de mierda se va en serio. No tengo otra opción que llegar. Es urgente.
Sudo. Me agito. Llego al counter de la linea aerea desesperado. Una gringa con cara de cojuda me recibe con sonrisa falsa.
Sorry sir but we had a delay in the flight me dice recachosa.
¡Gringa ctm! le digo sonriendo.

2.12.10

¡Vaya Google!

No me acuerdo exactamente desde hace cuando uso el Google Chrome como navegador pero estoy casi seguro que fue desde que salió al mercado (hace 2 años). He sido un fiel usuario y más que eso un proselitista (podría estar en los libros de Al Rice y Jack Trout como ejemplo de marketing). A todo el mundo le recomendaba usar el navegar y con mucha gente logré incluso que se cambien y comiencen a usarlo. Y es que en realidad mi vida cambió desde que uso el Chrome. Me he vuelto un hincha acérrimo. Mi experiencia al navegar la web cambió radicalmente desde que dejé atrás al torreja de Explorer. Definitivamente la velocidad de navegación con el Google Chrome (fuera de la velocidad de conexión de telefónica q es una mierda) es alucinante. Todo se hace más fácil y más simple y los resultados son inmediatos. Encuentro lo que busco en dos patadas, accedo a las paginas frecuentes con un clic, y puedo tener abiertas todas las viñetas que quiera sin ver mermada la velocidad. Es la panacea. Básicamente toda mi relación con la computadora gira en torno a este programa, un facilitador de acceso al mundo. Al margen de algunos documentos de Word o Excel y algo de photoshop, todo en mi maquina pasa por el Google Chrome. Mi vida es Google Chrome.

Ayer, torpemente instalé un .exe pensando que era una actualización de flash para poder ver un video de Kanaku y el Tigre (banda nacional que al margen de los problemas que me ocasionó recomiendo altamente) y a partir de allí todo se puso marrón. Todo se fue a la mierda. Comenzó la pesadilla. El bendito y bien amado navegador no funcionaba, lo abría y se cerraba, lo abría y se cerraba (ya lo decía Einstein que es una locura esperar resultados diferentes haciendo siempre lo mismo), todo esto acompañado de una cómica ventana que decía “¡Vaya! Google Chrome ha fallado, ¿deseas reiniciar?”. Conchasumadre, que impotencia. El sudor comenzó a hacer su trabajo. Los jugos gástrico también hicieron lo suyo y el intestino grueso empezó a carburar. Las válvulas ventriculares se aceleraron y la vista se nubló. Crisis. Quería usar el Ctrl + Z mil veces pero como leí en el estado de Facebook de una amiga, en la vida no existe ese comando. Pero bueno, pasaron los segundos críticos y la razón se incorporó, tomo aliento y se abrió paso entre la mierda y los jugos gástricos. Piensa Marquitos. Acuérdate de tus clases con Rosita (Shif efe osho), piensa que haría Robert en esta situación. Tenía que hacer algo. La maquina no me iba a vencer (todo esto mientras pasaba por mi cabeza la formateada de disco duro, ir a Wilson a recuperar toda mi info y todos los demás etcéteras). Primero recurrí al Explorer para buscar posibles soluciones en los foros. De por sí ya era desalentador y humillante tener que usar la carcacha destartalada de navegador, y más desalentador aun fue cuando comencé a leer en los foros que la solución a mi problema no era tan sencilla. Unos decían que use un antivirus, otros que formatearon su máquina y aun así persistió el problema, otros recomendaban contactarse con los headquarters de Google, pero ninguno me daba una solución concreta. Hasta que se me ocurrió reiniciar la computadora en modo seguro (ojo que ya la había reiniciado varias veces y también había instalado y desinstalado otras tantas el programa) y allí se me presentó una opción que no conocía y que decía: System Restore (o algo por el estilo). Y básicamente lo que hace esta aplicación es que resetea tu sistema con los parámetros que tenías antes de una determinada fecha, en mi caso 30/11/2010 9:21:00am. Justo la hora en la que había intentado ver el videoclip de Kanaku.

Final feliz: Restauré el sistema. Le metí un par de pasadas con 2 antivirus distintos y LISTO! Volví a respirar tranquilo, el alma me volvió al cuerpo y mi vida regresó al ceteris paribus, a mi estado basal, abrazando nuevamente al hasta hace algunas horas moribundo Crhome. Si bien estoy feliz y contento de haber recuperado a mi inseparable navegador, siento que me va a demorar todavía un tiempo en recuperar su confianza. Al que consideraba fiel e inquebrantable amigo, me falló. Lo volverá a hacer, en qué momento? Cuánto durará? Será una luna de miel o será para siempre? Sólo el tiempo lo dirá. Por ahora no me queda más que decir: Bienvenido nuevamente amigo Chrome.

Acápite: “Si cuentas un secreto, no pretendas que el otro lo guarde, porque ni siquiera tu pudiste hacerlo”. Pero igual como jode cuando alguien cuenta algo tuyo que no debería haber contado, y peor aun cuando la persona que lo cuenta cree insulsamente que te está haciendo un favor. Como hacer que la razón solucione el problema de Google Chrome, si a falta de Crtl + Z también carecemos de “System Restore”. Tiempo, paciencia y buen humor, difícil labor. Tocar el saxofón, junto a un buen cajón. Flexionar, inclinar, raspar, terminar el golpe y disfrutar el mathcpoint.



16.10.10

Crónica felina

Vivo con una enemiga. Se llama Julia.
Nuestra historia es algo particular y aquí una breve reseña.

Nacida un 13 de Marzo del 2006-hija única de un pendejo gato techero y una refinada felina de las altas alcurnias limeñas-. Horacio, su padre (que en paz descanse y que su alma sea protegida por la diosa Bastet ) fue un tremendo rufián; rompía con los protocolos sociales de la estricta estructura de convivencia gatuna, y se dedicó durante la mayor parte de su vida adulta -hasta donde pude verificar en los registros- a enamorar y fornicar sin piedad a cuanto cuadrúpedo se cruzó en su camino. Tenía un perverso gusto por las damitas de alcurnia, las cuales caían rendidas ante su salvaje y rebelde apariencia. Era el Fonzie del barrio.
Y así, una noche mágica, sin saber como llegó a un barrio pituco, de esos donde las peludas doncellas (le gustaban bien peludas) no conocían más que caprichos. Hábilmente se posó sobre el marco de una ventana entreabierta y quedó estupidizado, incapaz de creer lo que veían sus ovaladas pupilas. En ese místico  momento hubo una chispa que conectó a Horacio con la más hermosa doncella del reino animal. Su nombre: Chuchú.
 Este furtivo acercamiento dio inicio a la más épica y compleja historia de amor entre dos felinos jamás registrada. Y procedo a narrarla:
Horacio se abalanzo sobre la virginal Chuchú y la violó a quemarropa.
Nunca más se vieron.

Y bueno pues, fruto de este apasionado y sincero amor nació una gatita, que desde muy pequeña desarrolló una habilidad que la definiría en el transcurso de su vida; la capacidad magistral de no hacer nada.
A los poco meses de parida, vaya a saber porque, Chuchú le negó el amor que una madre le debe a sus vástagos. Pocas fueron las ocasiones, como luego me confesó, que su madre le brindó la teta para satisfacer su apetito. Se hace imposible entender como una madre pudo ser tan desnaturalizada y renegar de su única hija. Pero dado el evidente estado de abandono y maltrato psicológico del que era víctima esta dulce y floja gatita, el dueño de Chuchú (que en algún momento pensó en  ofrecerla en forma de adobo a los comensales de su concurrido restaurant) con buen juicio decidió obsequiar a esta hija no querida. Y así es como llegó a mi vida.

Las primeras impresiones son importantes, y debo confesar que desde el primer instante en que nos cruzamos noté que no sería una relación fácil. Pero tampoco soy un desgraciado. Comprendí la penosa situación en que se encontraba esta señorita de garbozo andar. Me la presentaron con un tentativo nombre: Abril. Al oir esto, compartimos una mirada complice, y logré comprender que detestaba ese estúpido nombre que evidentemente habia sido producto de la improvisación (como dije, nació en Marzo). Rápidamente la bauticé con el nombre de su bisabuela materna, que había sido la mascota de un prestigioso agregado militar checoslovaco en Jaén.

En los primeros meses con su nueva familia, Julia se mostraba atenta y aplicada; estudiaba el entorno. Sus agudos y brillantes ojos verdes captaban todo lo que acontecía a sus alrededores. Cada movimiento, cada sonido era sistematicamente grabado en su machiavélica cabeza, que a mi enteder, iba maquinando ya un maléfico plan para imponer su reinado.
Traté de confraternizar y limar nuestras primeras asperezas generadas en nuestro primer encuentro. Pero al parecer, la confraternización con sus futuros lacayos no figuraba en sus planes de dominio.
Poco a poco fue ganándose la confianza de todos a su alrededor. Ya solo se limitaba a emitir un sutil maullido para que 4 personas, casi en estado zombie, acudieran a alimentarla, peinarla, rascarle la panza, o a limpiar sus podredumbres de su caja de arena (arena extra fina, sino a modo de protesta se cagaba por donde sea).  Pero como era claro que yo- casi tan astuto como ella- estaba al tanto de sus planes y me resistía a rendirle pleitesía, inició  lo que yo le llamé ¨la guerra del desgaste¨.

Mostrando su verdadera identidad
 En inicio, muy hipócrita ella, me ofrecio mimos y dulces maullidos. Luego, al ver que no bastaba con cursilerías, se dedicó a cubrir por completo toda mi ropa con sus largos y finos pelos. Ella bien conocía mi alergía que me inutiliza luego de 35 estornudos seguidos. Me era imposible no encontrar su huella en cualquier atuendo que me ponía. Ella me parecía decir: - ¿Querías guerra?.. Pues ahí tienes.
Yo no podía mostrar debilidad ante esta artimaña tan sucia y artera, por lo que haciendo de tripas corazón, aumente la dosis de mis antihistamínicos y proseguí con el ánimo al tope.

Este, creo yo, fue un duro golpe para la satánica Julia; ya que suponía que con esta simple maniobra me tendría bajo su control. Pero como buena villana que es, dio un paso más.
Como mencioné, ella había hecho un excelente trabajo de inteligencia; conocía rutinas, horarios, tendencias, gustos musicales y demas detalles de cada miembro de su imperio. Y bajo pretexto de ¨limpieza estomacal¨, se dedicó  a vomitar una mezcla de comida para gatos (solo come una marca la puta) en mi trayecto nocturno a la cocina. Bien sabía ella que duermo sin medias. El resultado se lo pueden imaginar.

Esta nueva estrategia melló mi confianza, pero nunca me preparó para la última etapa de su ¨guerra de desgaste¨... el sucio exhibionismo.
Es bien simple y bastante efectivo. Se hecha panza arriba, de preferencia cuando estoy comiendo, y procede a lamerse sus partes pudorosas, mirándome directamente a los ojos como diciendo: - Mira que sucia soy. Mira como me lamo mientras comes, huevonazo-.

Suena poco relevante dicho acto. Pero deben considerar que estas maniobras se han venido repitiendo desde hace ya varios años, y aunque aún me resisto, debo reconocer que gracias a los techeros genes paternos y la delicada apariencia heredada de su sangre azul, me viene venciendo batallas tras batalla.
No se dejen engañar... es maligna

7.10.10

¡Aquella noche!

Si partimos desde las premisas populares que inundan las historias de este tipo, podemos capturar y de algún modo, sumergirnos en la fantasía nutritiva que son las supersticiones y consejos de abuela.

Aquella noche, tan común y tan corriente como todas las otras; donde tras una específica cantidad de horas de brillo solar- cantidad variable según la ubicación en el globo en que uno se encuentre-, aparece sin pedir permiso (por algo es el rey de los astros) un velo de sombra multicolor, partiendo de amarillos y anaranjados, pasando por rosas, rojos, púrpuras y finalmente un brillante negro moteado por lamparines suspendidos en su infinito. Pero así como todas las noches se repiten una tras otra, casi sin variación, de vez en cuando alguien se apiada del sopor general de este ciclo para exaltarnos con algún evento, llamémosle, inusual.
Y esta anomalía nocturna se cruzó con mi habitual insomnio. Concluyo, en este inicio de mi escrito, que pequé de romántico. No es secreto que la capa grisácea de nuestra emo-ciudad es un laberinto sin salida para los tontos que acostumbramos, cuando el ánimo es preciso, mirar en busca de alguna estrella que se revele ante la dictadura de este techo de algodón. Pero bueno, ese detalle no hace más que agigantar mi experiencia que a continuación describiré.


Asomo mis narices por el cuadrado de la pared. Busco nada en particular, pero busco algo. Primero, como digno primate que soy, agacho la mirada y veo la ciudad llena de zombis (vivir en un piso 16 le da sentido al enunciado). Más de lo mismo. Gracias a mis cervicales elásticas alzo la mirada sin la intención de encontrar alguna musa de poema, y ahí es cuando ocurre lo que en tantos sueños de crío viví: Una luz; nada habitual en mi memoria, nada habitual en mi cielo. No es una estrella… las estrellas no se mueven así. Tampoco es un avión… los aviones vuelan distinto. Superman y el capitán cavernícola no tienen faroles colgados según recuerdo. Entonces… ¿Qué es?

Parpadeo compulsivamente, no vaya a ser el inicio de una migraña. Vuelvo a enfocar. Nada cambia. La luz sigue allí a lo lejos. Como buen Homo sapiens me digo –calmate, que no eres tan solo un primate- pero no logro desencantarme de lo que observo. Ahora la luz parece algo más brillante. Ya no es rojiza, se ve azul. Entre los algodones grises del cielo esta travieza luz-antes roja, ahora azul- me inquieta. Se mueve en espiral por unos segundos y bruscamente cambia de rumbo. La veo acercarse, o al menos eso parece. Noto mi boca abierta y la cierro. En boca cerrada no entran moscas pienso.¿ ¡Pero que coño es eso!?

Indefectiblemente me debato entre lo obvio y lo que parece obvio. Me paralizo cuando la luz se hace verde. Tengo que aceptarlo. No me queda opción. Mi arsenal de (escazas) explicaciones se me va agotando y solo me quedó murmurar: OVNI.

La pierna derecha se me adormece, pero mi cerebro está hipnotizado por la inquieta luz. No puede ser un OVNI, me repito. Mis últimas defensas ante lo inexplicable salen y me salvan de una catástrofe interior: Es un objeto volador no identificado por mi.

Cerré la cortina y me fui a dormir como todo un maricón pero consecuente con mi ignorancia.

5.10.10

Generación Atari

Hace 2 días jugué por primera vez en un Play Station 3. El juego elegido: Fifa Soccer 11. El referente más cercano que tenía de un juego de futbol de consola era el “Goal” de Nintendo. En ese juego tenias las flechas para desplazarte por el campo (adelante, atrás, derecha, izquierda) y 2 botones para patear la pelota o pasarla a otro jugador. Mi cerebro estaba calibrado con esos comandos. 4 flechas y 2 botones operados por mis 2 pulgares. Pero ahora la cosa es diferente. Me encuentro con un control “ergonómico” como si fuera el timón de una nave. En vez de flechas hay una especia de joystick para el pulgar izquierdo, 4 botones para el pulgar derecho, y por si fuera poco 4 botones más para ser operados por sendos pulgares. Toda esta información entró a mi cerebro como un rayo, y a mi 286 le tomó un tiempo procesarla. Mi primo, que es nativo, trataba de explicarme pausadamente para que servía cada botón, y yo hacía un gran esfuerzo para retener toda esa información, era casi como estar sentado dando un examen de ingreso a la universidad. Si a esto le sumamos que ya estaba bastante sorprendido por los alucinantes gráficos del juego que parecían casi como estar viendo un partido de futbol en televisión. La cantidad de opciones que te ofrece el juego es impresionante, los distintos equipos con sus jugadores reales, la formación del equipo, tácticas, cambios, camisetas, árbitros, los diversos estadios donde puedes jugar (los cuales son fieles a la realidad), poder escoger la pelota (desde la primera de cuero hasta la Jabulani), las camisetas (la principal más las de reserva), los comentaristas (inglés, castellano, francés), y un sinfín más de opciones, que para cuando íbamos a empezar a jugar ya me había olvidado para que servía cada botón. Con un poco de vergüenza tuve que convencer a mi primo para que me vuelva a explicar todo desde el principio. Con círculo la pasas y con cuadrado pateas, me decía. Yo flipaba. Ya le agarraré el truco jugando, pensaba yo. Así que comenzamos la “pichanga”. Obviamente yo jugaba con el Barza y todos sus titulares. Con un dedo trataba de mover a los jugadores y con el circulo trataba de circular la pelota (valga la redundancia). Al principio era muy difícil pero poco a poco fui agarrando ritmo. Mientras trataba de jugar me iba acordando de todas las indicaciones que mi primo me había repetido ya varias veces. El problema era que me acordaba de una y se me olvidaba otra, entonces apretaba un botón y soltaba otro botón haciendo un enredo total. Me sentía mismo el chavo del ocho aprendiendo a tocar guitarra con el profesor Jirafales. Después de un buen rato y algunos partidos a cuestas me doy con la sorpresa de que el control no tenía cable, era inalámbrico. Yo he estado acostumbrado toda mi vida a que el control este unido a la consola con un cable, y este era parte del movimiento que uno realizaba, pero en este caso todo era diferente, sin embargo mis movimientos eran como si tuviera cable. Algo así como el síndrome del miembro fantasma que sufren las personas amputadas, yo sufría el síndrome del cable fantasma, sentía que estaba allí pero en realidad no lo estaba. Otra cosa más a la que acostumbrarme. Ya mejor ni hablo de quela consola tiene Wi-Fi para conectarse con jugadores en otras partes del mundo (dentro de su propio social network) y así poder jugar partidos en línea con tus amigos sin necesidad de estar en la misma habitación. Todo esto fue realmente una experiencia digna de análisis de cualquier curso universitario de psicología en las nuevas tecnologías o algo por el estilo. Yo que nací con el Atari jugando Pong (el primer videojuego), quemándome las pestañas con Pacman, Don King Kong y Frogger. Usando un joystick con 1 puto botón. Luego crecí con un Nintendo que hasta el día de hoy conservo en perfectas condiciones. Cada vez que puedo o que la ocasión lo amerita, rememoro mi infancia echando unas pantallas de cualquier Mario (Dr. Mario es mi favorito), Tetriz, Zelda o Duck Hunt. Todo esto bastante obsoleto a lado de este vendito PS3 y su FIfa 2011, aunque la onda vintage del Nintendo y los recuerdos del pasado hacen que todavía sea vigente. De hecho pienso seguir practicando con el PS3 para lograr incorporar a mi cerebro los nuevos comandos y así no quedarme desactualizado como Enrique el antiguo. No sé si llegue a ser tan bueno como lo fui alguna vez en Dr. Mario o Pacman, pero si espero aunque sea poder llegar incorporar mecánicamente todos los nuevos comandos hasta que no tenga que pensar más y mi juego fluya alegremente. Lo que si tengo claro es que entre todas las vidas yo escojo la del pirata cojo, con pata de palo, con parche en el ojo y con cara de malo. Larga vida al Atari!

4.9.10

Cuatro de Septiembre

Mi profesor de educación física en mis épocas del colegio se llama Jaime Urteaga, o Choche, o Choche Jaime, o Profe Choche. También era conocido como el popular Chicho Mendoza de los Huachafos de Risas y Salsas, esto debido a su gran parecido con el actor cómico. Choche fue profesor de mi Mamá y hasta el día de hoy (15 años desde que salí del colegio) sigue enseñando allí. A decir verdad los años no pasan por Jaime, porque está igualito y su espíritu sigue igual de jovial que siempre. Recuerdo algunas frases célebres del profe como "manda fruta" o "saludos a la abuelita", él siempre las decía cada vez que no pasábamos la valla del salto alto o cada vez que pisábamos la tabla de salto largo. Una muy elegante forma de decirle a un niño que es una bestia en atletismo (nada que ver como el comercial, ja ja ja). Pero definitivamente una de las frases que más se me quedó grabada, y que Choche Jaime la repetía constantemente, ya sea al final de la clase o cuando nos saludábamos en los recreos era "4 de setiembre". Esto era en alusión a su cumpleaños, y lo hacía con la ilusión que siempre nos acordemos de su día con algún regalo, cosa que no era bien vista por la dirección del colegio dado el vinculo alumno-profesor. De todas maneras siempre alguien venia con algún presente para Choche, por lo general un perfume, eran sus favoritos. Eso no interfería de ninguna manera con la nota final del curso, porque igual la nota reflejaba tu grado de amistad con él más que tus aptitudes físicas, y siempre al bien tacuchi hijo del director le ponía 20 (por más de que le llegaba al pincho).

Choche, desde aquí un gran saludo por tu cumpleaños, que sean muchos más y un fuerte abrazo!

Cosa curiosa. Quien más cumple años el día de hoy? para ser exactos quien está celebrando su segundo año de existencia? Así es amigos, La Peluca suprema hizo su "debú" hace exactamente 2 años. Todo comenzó con una gran obertura que ha durado ininterrumpidamente hasta el día de hoy, y esperemos que dure mucho más. Obviamente esto sólo será posible con su fiel apoyo pelucas, que nos han venido acompañando día a día en esta aventura.

Muchas gracias a todos nuestros lectores y también a nuestros detractores, todos ustedes hacen de este modesto espacio la ventana perfecta para expresarnos.

Un mecha más por muchas mechas más! Aguante Peluca!


5.8.10

Obsceno

Ya hace unas semanas, un gángster de la patria (llamar padre de la patria a los congresistas es un insulto a cualquier padre) planteó un proyecto de ley intentando censurar la ¨obscenidad¨ de la televisión. No intentaré profundizar en los antecedentes  ¨no tan santos¨ de este congresista, pero en inicio vamos a definir la palabra ¨obscenidad¨ (es la palabra exacta que se utiliza en el proyecto de ley).

Bueno. Según los amigos de la RAE, ¨Obscenidad¨: (Del lat. obscenĭtas, -ātis).
1. f. Cualidad de obsceno.

2. f. Cosa obscena


Hmm, no ayuda… Veamos entonces ¨obsceno¨:
1. adj. Impúdico, torpe, ofensivo al pudor. 
Aquí encontramos algo interesante: Obsceno es algo calificable como ¨torpe¨ (Recuerden, no lo digo yo, lo dice la biblia del idioma). ¡Menudo problema en que se meten los padres de nuestra patria! ¡Han aprobado una ley que prohíbe la torpeza!..  No me queda más que sonreír ante tremenda OBSCENIDAD de estos paparulos.

Pero sigamos. ¨Ofensivo al pudor¨ es otra definición que encontrámos. Busquemos entonces ¨Pudor¨:
1.      m. Honestidad, modestia, recato.

2.       m. desus. Mal olor, hedor.

Amigo lector(a), supongo que como yo, te encuentras confundido(a). Nuestros electos congresistas aprobaron una ley donde tratan de censurar todo aquello que sea considerado obsceno; es decir que ofenda al pudor ó que sea deshonesto (fill in the blank). Y la definición de pudor no aclara mucho más. ¿Ó es que están censurando a todo aquel que posea un mal olor ó hieda escandalosamente? ¿Habrá entonces que sacarle los zapatos a nuestros ¨padres de la patria¨ para empezar a controlar prímero en casa el peligro de la ¨obscenidad¨?
Saliendo un poco de la semántica y tratando de ir al fondo de este ridículo asunto;  estos zánganos lo único que derrochan es ignorancia con altas dosis de pacatería y falsa moral. En un país donde un par de tetas en la televisión es considerado mucho más ¨obsceno¨ que la corruptela política que se evidencia día a día, ¿Qué se podía esperar?
En este país, donde los que dictan las leyes se preocupan más en calificar de ¨obsceno¨ (y luego se santiguan)  si es que alguna calatista profesional  sale haciendo un pole dance, pero luego, despanzurrados en sus escaños del congreso, leen en algún pasquín de a china como se mueren cada año (sin excepción) decenas de niños en Puno, literalmente ¨de frío¨, sin olvidarse de la hojeada de ley a la ¨malcriada del día¨  en la última página del diario.
Doble moral no… ¡Triple!


Pero el colmo de esta situación- de la cual no pensaba escribir- ocurrió hace unos días con dos situaciones especificas que pude ver en la caja boba:

Fiestas patrias, feriados de descanso, sin viajes a la vista, zapping. Caigo en Discovery Channel. Un canal donde solía refugiarme ante la común experiencia de la era de la televisión digital: Miles de canales… nada que ver. Pero bueno, Discovery, Nat Geo, History Channel y Animal Planet siempre me lograban sacar algunas horas productivas. Pero lo que vi, que para muchos puede ser intrascendente, me saco de quicio. Tal vez exagero, pero estoy casi seguro que no.

Me quedé viendo un programa donde deportistas de distintas disciplinas viajan por las zonas más remotas del mundo para participar en los deportes nativos. En este capitulo llegaron a lo profundo de la amazonía Brasilera para participar en un torneo de Lucha libre -Amazon style-. Hasta ahí todo bien. Pero en el momento en que los deportistas ¨occidentales¨ llegaron para ser recibidos por la tribu amazónica, mi vista se nubló… o al menos eso pensé. ¡Pues NO! En los pechos y genitales de cada indígena, la postproducción del canal (asumo), había colocado estos famosos cuadritos del pudor. Les habían cubierto las tetas y los culos a las indígenas para ¨no ofender al pudor¨ de los televidentes occidentales.
¿Existe algo más obsceno que eso? Maldita sea la indoctrinación religiosa que ha convertido al cuerpo humano en un elemento ¨obsceno¨.
El mensaje es claro y no necesito ahondar. Estas indígenas son unas degeneradas, y los genitales y tetas son elementos obscenos. Punto.

Con bastante pena voy atestiguando como cada vez estos canales, en inicio de contenidos culturales y científicos, con documentales increíbles, al alcance intelectual de casi (digo casi para no pecar de optimista) todo el mundo; hoy por hoy se rindió al NewAge (que detesto), donde abunda en sus programaciones programas de pseudociencia, esoterismo, profecías, ocultismo, conspiranoicosis, cazafantasmas, cazadores de ovnis y programas hecatómbicos donde el apocalipsis es el pan de cada día.Una pena.

La otra experiencia, debo reconocer, me ha resultado hasta cierto punto traumática:
Una tarde me encontraba con el Minotauro jugando yaxes y decidimos abrir la tapa de Nescafé (como la Solier) y hacer una pausa. Prendimos la cajitaboba para matar el tiempo. Todo anduvo tranquilo hasta que, una vez más, algo que vi me hizo creer que me encontraba viendo televisión dentro de un seminario jesuita; Un comercial de pañales, donde el potito del bebe y su pirulín estaban, al igual que las luchadoras indígenas, CENSURADOS con el cuadrito difuminado. Tuve que concentrarme mucho para dar fe a lo que veía. ¡El potito de un bebe es OBSCENO!
Entendería, como mencioné, que ante la tremenda tentación que representan los niños desnudos hacía los célibes de polleras negras, estos cuadros borrosos sean colocados como medio de protección, pero ¡no lo vi en un seminario, lo vi en mi casa!

Puta madre, este es el fin, el apocalipsis tiene que llegar pronto. Solo espero que la gran bola de fuego aterrice primero en el congreso (si se puede directamente en el escaño del coloradotriplemoral) y que lo televisen, al menos por un milisegundo antes de que me alcance a mí también.

El bastión de la moral en el Perú en acción


Otra vez, nuestro héroe, metiendo mano como dios manda



 Belmont amigo, aquí un regalito triplemente obsceno de LaPeluca para ti.
¡Que te sea de provecho!

26.6.10

Parado frente al espejo

Uno debería esforzarse en observar con mayor agudeza las cosas desde cerca... así se evitaría que se alejen fuera de nuestro alcance.
Y así es como empiezo un pequeño relato basado en alguien no muy lejano a mí, felizmente, desde mi acomodada ubicación. Tomar en cuenta, como suelen hacerlo los inteligentes, que todo relato está sujeto a verdades y medias verdades, dependiendo del humor e intención del autor.

Niño él, un torbellino lo comandaba. Arremetía con la vitalidad de un cachorro, curioseando a placer, y ya todos conocemos el destino de los curiosos... más aún si se es pequeño como un ratón. Pero este ratón era distinto. Sus embates no cesaban a pesar de las marcas propias de la cicatrización de su piel guerrera.
Con el tiempo, excento de voluntad, se convirtió en secuestrador. Hacía rehenes a quienes se cruzaban por su camino. Existen pocas armas tan infalibles en el arsenal humano como lo es el  carisma.
¿Sería por su consagrada y famosa osadía?  ¿Sería por sus frecuentes y temporales ausencias de algún que otro diente, que le daban la apariencia de la caricatura clásica del niño travieso? Ejercicio inutil en el que me encuentro. La facilidad de hacerse querer sin querer y de generar simpatías sin el menor esfuerzo, es como el aire; no se ve pero se percibe con facilidad. Así era es él.

Yo, al tener el implícito derecho de inquisidor, merced de la jerarquía de los años -digamos que por el principio del Utipossidetis-  usé y muchas veces abusé, sin malicia, de mi pobre víctima. Toda culpa que podía sentir ante infinidad de patadas voladoras, ojos moreteados y experimentos de lucha libre, era hasta cierto punto apacigüada gracias el aparente disfrute masoquista de aquel lanzado ratón.

Años más, mi cerebro atestado del efluvio de testosterona y rebeldía, propio de la edad, me alejó de este personaje. Yo era casi un adulto y no estaba para niñerias, tontamente (la adolescencia.... tiempo de tontos y tonterías) me decia. Lo empujé lejos aún viviendo a 5 metros de su guarida.

El protagonista de esta historia, poco a poco - aunque para mi, de golpe- creció. Pero eso no le resto la virtud del carisma aballasador que tantas veces me intimidó. Por cierto que ante las comunes y sanas búsquedas que un jovenzuelo empezaba a experimentar, hacía, una vez más, que brotará mi autoasignado rol de protector, juzgando las acciones adecuadas que debía tomar esta alma inquieta y -tiempo después lo entendí- incontrolable.
El loco lindo, de quién me preocupaba como si de un pupilo se tratasé, me dejó bien en claro que éramos iguales; mi escalafón perdió peldaños dejándome al ras de esta alma desatada. El lector entenderá que esto, considerando que el que escribe en esos tiempos recien afeitaba un ridículo bozo, significó un batacazo, un cachetadón. Perdí los galones de mi uniforme con que la ventaja etárea me había premiado.

Bueno. El tiempo como las olas no tienen dueños, y así sucedieron algunos años más. Ya acostumbrado a chocar hombros al mismo nivel, empecé a notar algo que en inició me asustó, pero que luego se convirtió en una gruesa cadena (pero fabulosamente elástica) que hasta hoy resiste: Me comencé a ver reflejado en aquél loco carismático de una manera increíble.
Fuerón muchas las ocasiones en que se lo mencioné, y nunca supe si realmente le hice entender la manera en que me impactó tal conclusión. Pero la búsqueda de la identidad propia es un proceso, muchas veces interminable...así que al menos para mi, tener un reflejo tangible de muchas de mis propias tendencias, se convirtió en un lujo que, supongo ante mi ya conocida ignorancia, solo los realmente afortunados pueden tener.

Como era previsible, esta alma inquieta por naturaleza, decidió embarcárce en una travesía que solo los atrevidos osan emprender. Se alejó de la comodidad y sobre todo de la cruda desigualdad social, intolerable para él y que sigue apestando gran parte de nuestro país, para sumirse en una lucha, por unos años de naturaleza  física, que a la larga (o la corta....solo él lo sabe) se tornó en ideológica. Durante un par de años me convertí en su nexo y sostén, ó por lo menos intente serlo, que me costarón muchas noches de insomnio y angustias, rídiculas en comparación a las noches que él eligió vivir.

Este vehemente y corajudo, ya a una distancia considerable (exactamente 12,751 kilómetros), vive con todo el manejo de un hombre buscando su destino, superando las pruebas con sudor -que no necesariamente proviene de sus palmas- y poco a poco va logrando el éxito; ya no escandaloso ni bullero, sino el tímido triunfo que llena de luz a los muchos que lo queremos. Este ratón, ya con dientes completos, ya sin ojos magullados ni avezadas hazañas, intenta engañarnos a todos... pero no somos pocos los que sabemos que ese loco lindo, con una vitalidad hasta para prestar, sigue ahí adentro, tomándose un respiro tal vez porque el cuerpo ya no es el mismo, pero su cabeza y alma sigue siendo la de ese torbellino, con dientes rotos y rodillas raspadas.

El protagonista de este subjetivo relato quiere y se deja querer, pero en su manera particular. Como a muchos, al menos como a mí (no olvidar que aún lo sigo considerando un reflejo de mi ser con vida propia), los conflictos internos nunca terminan de aparecer, y de nuevo me repito; que lujo tengo al contar con esa cadena gruesa y elástica, para sincronizarnos y confundirnos en los mismos dilemas.

Eres un lujo de hermano Chunchito.

7.6.10

Enseñanza de un Loco

El primer día de clases de 1990 llegué muy temprano al colegio, entré a mi salón y me encontré con un nuevo compañero, era un chico muy tímido y muy pelirrojo. Me le acerqué cordialmente para darle la bienvenida al cruel mundo del 6to de primaria. Con el pasar de los días, su timidez se convirtió en caos, y aquel niño aparentemente tranquilo se convirtió en el hasta hoy popularmente conocido: “Loco de la Melena”. Sufrí su locura y fui víctima directa de sus desbalances químicos, pero nunca podré olvidar que fue él, quien una tarde hace casi 20 años me presentó al Gran Joaquín Sabina. Como se imaginaran existen miles de historias y mitos sobre este muchacho, pero a pesar de ello yo guardo un grato recuerdo de su amistad. Fue una tarde gris, en su casa del parque Mora. Agarró un caset grabado por él mismo y lo puso para que lo escuche. De su doble casetera salió un sonido de casi la misma calidad que la voz que tiene hoy Sabina, y a lo lejos se podía escuchar la letra de “Contigo”. Esa fue la primera canción que escuché y fue suficiente para saber que todo lo que escucharía de Sabina en el futuro me iba a cautivar. Y así fue. Hoy soy un admirador y fanático confeso no sólo de su música sino también de su personaje. Porque Sabina aparte de cantante y poeta es todo un personaje, qué duda cabe. Recién tuve la oportunidad de ir a uno de sus conciertos hace cuatro años, en el Palau Sant Jordi de Barcelona. Soberbio. Un año después estuvo por Lima acompañado de Joan Manuel Serrat, fue un buen concierto, aunque tuve que soplarme algunas canciones de su compañero de escena que desconocía totalmente, igual, genial. Y en su último concierto en Lima del miércoles pasado, al pie del escenario, en lo que fue una noche fría cargada de gran emoción y derroche de puro Joaquín Sabina destilado.

Resumiendo, Sabina es un sentimiento y en mi vida ha estado presente en diversas ocasiones. En Paris con aguacero donde una valiente Magdalena me cantaba “Peor para el sol”. En una Lima lejana donde a una Princesa tardé en olvidarla 19 días y 500 noches. Cuando tuve que rellenar el menú de mi cevichería y ya casi sin ideas, antes de mandarlo a la imprenta, algunas frases de sus canciones fueron la descripción de algunos de mis platos. Cuantas noches me he ido a dormir con su música. Tantas tarjetas de cumpleaños, aniversarios y entierros he adornado con sus letras. Todas las veces que lo he citado como si fueran máximas universales. Todas las veces que me dieron las 10 y las 11 y las 12 y la 1 y las 2 y las 3 con tanta gente. Muchas risas payasas. Cuanto floro me ha proporcionado. Hartas enseñanzas. Y tantas otras cosas más que vendrán.

Realmente cuando escucho a Sabina, ya sea en sus canciones, sus poemas o sus entrevistas, aprendo. Asimilo. Muchas veces le encuentro sentido al sinsentido de sus letras, otras, encuentro la magia de la banalidad, o lo profundo de su sentir. Me conformo con no entender. Pero con cada una de sus canciones me emociono. Siento que en cierta forma su discografía engloba una filosofía de vida, que yo he ido armando haciendo una especie de collage por aquí y por allá. Si me pongo a hacer un recuento de sus mejores éxitos, o al menos de los que a mí más me gustan, me podría quedar acá todo el día comentando y analizando sus canciones. Pero de hecho voy a compartir con ustedes lo que para mí son algunas de sus frases más geniales. Obviamente extraigo fragmentos del contexto propio de cada canción, que en su conjunto y con la melodía, ya es otro tema.

“Yo no quiero un amor civilizado” “Yo no quiero catorce de febrero” “Yo no quiero que elijas mi champú” “Lo que yo quiero, corazón cobarde, es que mueras por mí” “Yo no quiero besar tu cicatriz” “Yo no quiero contigo ni sin ti” “Lo que yo quiero, muchacha de ojos tristes, es que mueras por mí” “Y morirme contigo si te matas, y matarme contigo si te mueres, porque el amor cuando no muere mata, porque amores que matan nunca mueren” (Contigo)

“Si me quitas con arte el vestido te invito champan” “hay caprichos de amor que una dama no debe tener” (Peor para el sol)

“Entre todas las vidas, yo escojo la del pirata cojo, con pata de palo, con parche en el ojo, con cara de malo” (La del pirata cojo)

“Lo peor del amor cuando termina… Lo atroz de la pasión es cuando pasa, cuando, al punto final de los finales, no le siguen dos puntos suspensivos” (Agua Pasada)

“Mi manera de comprometerme fue darme a la fuga” (Viudita de Clicquot)

“Este adiós no maquilla un hasta luego, este nunca no esconde un ojalá” (Nos sobran los motivos)

“La más señora de todas las putas, la más puta de todas las señoras” (Una canción para la Magdalena)

“Hasta las suelas de mis zapatos te echan de menos” (Rosa de Lima)

Y regresé, a la maldición, del cajón sin su ropa, a la perdición, de los bares de copas…” “Tanto la quería, que, tardé, en aprender a olvidarla, diecinueve días y quinientas noches” “Siempre tuvo la frente muy alta, la lengua muy larga, y la falda muy corta” (19 días y 500 noches)

“Vivo en el número 7, calle Melancolía, quiero mudarme hace años al barrio de la alegría, pero siempre que lo intento ha salido ya el tranvía, en la escalera me siento a silbar mi melodía” (Calle Melancolía)

“Caminito al hostal nos besamos en cada farola” “El verano acabó, el otoño duró lo que tarda en llegar el invierno” (Y nos dieron las diez)

“Que el maquillaje no apague tu risa / que el equipaje no lastre tus alas / que el calendario no venga con prisas / que el diccionario detenga las balas / Que las persianas corrijan la aurora / que gane el quiero la guerra del puedo / que los que esperan no cuenten las horas / que los que matan se mueran de miedo / Que el fin del mundo te pille bailando / que el escenario me tiña las canas / que nunca sepas ni cómo, ni cuándo / ni ciento volando, ni ayer ni mañana / Que el corazón no se pase de moda / que los otoños te doren la piel / que cada noche sea noche de bodas / que no se ponga la luna de miel / Que todas las noches sean noches de boda / que todas las lunas sean lunas de miel / Que las verdades no tengan complejos / que las mentiras parezcan mentira / que no te den la razón los espejos / que te aproveche mirar lo que miras / Que no se ocupe de ti el desamparo / que cada cena sea tu última cena / que ser valiente no salga tan caro / que ser cobarde no valga la pena / Que no te compren por menos de nada / que no te vendan amor sin espinas / que no te duerman con cuentos de hadas / que no te cierren el bar de la esquina / Que el corazón no se pase de moda / que los otoños te doren la piel / que cada noche sea noche de bodas / que no se ponga la luna de miel / Que todas las noches sean noches de boda / que todas las lunas sean lunas de miel” (Noches de Boda)


2.6.10

De guardia en el túnel

Es una noche de Viernes de un Agosto común; el techo de la ciudad se asoma cercano a la vista, agotando la gama de grises. Un aire frío y cargado se respira. Ahí me encuentro yo; un humilde interno de medicina haciendo sus pininos en el arte de ¨sanar¨.
Esta noche de viernes, sin ningún añadido para la mayoría de limeños, para mi era todo menos común; sería mi prímera guardia como interno en la emergencia de uno de los hospitales más concurridos y temidos de la ciudad (temidos por los internos por el exceso de trabajo y la austeridad de la institución).
Llego a la emergencia del nosocomio a las 7pm en punto; un minuto de demora implicaría desde un llamado de atención de algún residente, hasta un posible castigo (el tema de los castigos que existen en la jerárquica educación médica es tema para otro post).
Sin importar que me encontraba trabajando en el ¨piso¨ del hospital desde las 7am, ante el nerviosismo de la aventura que significa la primera guardia de todo interno, las energías aparecen.
Me reúno con mis socios en la aventura nocturna (2 internas amigas felizmente) y recibimos el reporte de los desesperados internos ya salientes,  que no ven las horas de desaparecer de ese tugurio llamado emergencia.
Sin tiempo para reparar en mis inseguridades de amateur, me acomodo mi estetoscopio a modo de bufanda y me dispongo a convertirme en un semidios sanador ante la inacabable garúa - y por momentos tormenta - de pacientes que llegan.

Una breve descripción del lugar de esta trama: El servicio de Emergencia de este enorme hospital se localizaba en un pequeño sótano del edificio principal. No mentiría si describiera a este sótano como un túnel; alargado y angosto, con una ventilación ausente y con escasas camillas para atender a los dolientes, mótivo por el cual me atrevería a decir que el 90% de pacientes eran atendidos en las banquitas de cemento apostadas frente a las camillas.

Trás ver todo tipo de dolencias y haber recibido más de un insulto por la demora en la atención - ¿Como poner 50 anillos a 3 dedos?.... fácil: 10 en cada uno - dieron las 11pm  cuando atravieza la puerta -resguardada por un policía y un matón contratado- un hombre de unos 55 años con la piel del color de la cera y un gesto de indudable dolor.
Me acerco:
- ¿ En que lo puedo ayudar? (un amateur como era en ese tiempo no hubiera tenido tanta contemplación en sonar educado ante una evidente emergencia)
Con pequeñas gotas de  sudor como rocío en la frente a duras penas me responde:
- Hace 2 horas vengo vomitando sangre.

Principiante era, pero bruto no. Ante la evidente descompensación del paciente grite: - Camilla!- Esperando inocentemente que alguién vendría a apoyarme. Volteo y veo a todos los demás igual de ocupados y contrariados que yo, con las pocas camillas disponibles ocupadas por personas en peor -si es que se podía- forma que mi paciente.
Lo acomodo en el banquillo de concreto y procedo a colocarle 2 vías gruesas con solución salina a chorro -como los libros mandaban- ante el claro Shock Hipovolémico en que se encontraba el pobre hombre.
Ya algo más estable, me dispongo a realizar un lavado gástrico para evidenciar si la hemorrágia continuaba o no. Hábilmente le inserto un largo y fino tubo de plástico por la nariz lo que irrefrenablemente le produjo un par de arcadas a modo de alerta. - Siempre pasa esto- me dije para ganar confianza en el procedimiento que ya había hecho incontables veces . Tras una arcada feroz, vi una inmensa marea parduzca y espesa volando por el estrecho espacio que me separaba del paciente, que terminó por aterrizar en mi pecho y derramándose hasta mis zapatos. Calculé medio litro de sangre semidigerida mezclada con jugos gástricos sobre mi niveo uniforme de batalla.  Del hedor que despedía mi entera persona no hablaré, pero recuerdo que una enfermera con la sonrisa a flor de piel me dijo: - Doctorcito! Bienvenido a la Emergencia!

Ya con algo de ropa limpia que pude agenciarme merced de mis ¨contactos¨  en la lavandería del hospital seguí viendo pacientes por varias horas más. Dieron las 3am y tomé conciencia que no había parado de trabajar y que no había tiempo ni para comer algo (ir al baño sería un lujo). Llegó el cansancio como un martillo en la cabeza, pero la situación no permitía descansar siquiera los cansados ojos. El Viernes en la noche nadie duerme decía un residente arengandonos pero derribando la poca moral que quedaba en mi.
De un momento a otro notamos como cada vez llegaban menos pacientes y las camillas se iban liberando. Las chicas y yo aprovechamos para apostarnos cada uno en una camilla para algunos minutos de paz. Cuando no sabía si tenía más sueño que hambre o al revés, el encargado de la puerta me anuncia que en la calle, a pocos metros de la entrada, se encóntraba un borrachito convulsionando. Sin dudar impulsé mi cuerpo como con un resorte de la camilla que ni se había calentado aún con mi cuerpo, para salir a la fría y húmeda calle. Pero para mi sorpresa el mismo encargado me frenó diciendo que este personaje cada cierto tiempo simulaba alguna dolencia para al menos por unas horas, poder dormir ¨la mona¨ en un lugar que no sea la arisca calle. Aún virgen en los ardíds de la profesión  hice caso omiso y salí a evaluar al beodo. A un metro de él una nube de aliento alcohólico me envolvió, mezclada con los olores propios de una vida en la calle.
10 segundos después ordené que el policía y el encargado de la puerta me ayudaran a cargarlo y acostarlo en ¨mi¨ camilla. Al vernos ingresar con el pordiosero en brazos, inconciente y apestando a trago corto (¿habrá sido thundercat o rompecalzón?) varias enfermeras ofuscadas trataron de hacerme abortar mi desición de ocupar una preciada camilla por un conocido timador.
- Será borracho pero está inconciente con depresión respiratoria!- anuncié impostando una seguridad de zorro viejo.
No les quedó más que acatar mi desición.

Las pocas horas que faltaban para sobrevivir a la prímera guardia infernal (no perder de vista que saliendo de la emergencia debía cumplir con mi día regular de labores en el piso del hospital) poco a poco se acercaron con una agradecida calma. Mis dos compañeras, ya con Morfeo, solo habían atinado a sonreir al verme donar ¨mi¨ camilla al supuesto farsante, mientras que ante las prímeras luces de un oscuro amanecer que se colaba por las contadas ventanillas del sótano, me sentía orgulloso de haber soportado el suplicio sin pegar pestaña alguna.

Tras la emocionante llegada del turno de la mañana les presenté el reporte de los pocos pacientes pendientes que quedaban y ocurrieron dos cosas:
- El ¨inconciente casi en paro respiratorio¨ borrachín, pegó un sonoro bostezo, estiró los músculos y se levantó muy sonriente. Hizo un par de sentadillas para mi asombro y vergüenza (y para la burla de todo el personal que había presenciado mi acto de autoridad) y se acercó a mi, aún mostrando los poco dientes que le quedaban y me dijo a modo de burla: - Gracias doctor! no sabe que rico se duerme aquí! La próxima vez pasó más temprano y nos tomamos unos tragos!

-Ya camino a ver a mis pacientes hospitalizados, y aún con la mezcla de bochorno y orgullo en mi mente, siento que me tocan el hombro. Al voltear veo a una mujer con un blanco bulto envuelto en un plástico. - Doctor, gracias por atender a mi esposo y disculpe el embarre-. Y acto seguido me entregó la bolsa que contenía un mandil recién comprado.
-Espero que le quede- me dijo, con cariño en la mirada.

No volví a cruzarme con el borrachín pendejerete y el mandíl me quedó chico, pero la gratitud de la señora me hizo olvidar el sueño, el hambre y la vergüenza.
Me fuí con la certeza que ya estaba preparado para lo mismo en 3 días más; y 4 días después me fuí con la certeza que nunca se puede estar preparado para ser un interno de guardia en la emergencia.