Iluso él, perdió la fuente de su poder sobrehumano, la peluca. Dalila un día la cambió por un cartón de cigarros, y así llego a nuestras manos, previa coima de ley. Yo (aka El Tunche) y mi hermano gemelo de distinta madre y padre (aka El Minotauro), contamos con la pelucadesansón, la cual nos adjudica el poder y derecho divino de criticar, joder y pastrulear a quemarropa. Tú! ven y hazte acreedor de alguna mecha de la peluca, poder infinito de opinar y divagar libremente. NO LO LEASSSSS

2.6.10

De guardia en el túnel

Es una noche de Viernes de un Agosto común; el techo de la ciudad se asoma cercano a la vista, agotando la gama de grises. Un aire frío y cargado se respira. Ahí me encuentro yo; un humilde interno de medicina haciendo sus pininos en el arte de ¨sanar¨.
Esta noche de viernes, sin ningún añadido para la mayoría de limeños, para mi era todo menos común; sería mi prímera guardia como interno en la emergencia de uno de los hospitales más concurridos y temidos de la ciudad (temidos por los internos por el exceso de trabajo y la austeridad de la institución).
Llego a la emergencia del nosocomio a las 7pm en punto; un minuto de demora implicaría desde un llamado de atención de algún residente, hasta un posible castigo (el tema de los castigos que existen en la jerárquica educación médica es tema para otro post).
Sin importar que me encontraba trabajando en el ¨piso¨ del hospital desde las 7am, ante el nerviosismo de la aventura que significa la primera guardia de todo interno, las energías aparecen.
Me reúno con mis socios en la aventura nocturna (2 internas amigas felizmente) y recibimos el reporte de los desesperados internos ya salientes,  que no ven las horas de desaparecer de ese tugurio llamado emergencia.
Sin tiempo para reparar en mis inseguridades de amateur, me acomodo mi estetoscopio a modo de bufanda y me dispongo a convertirme en un semidios sanador ante la inacabable garúa - y por momentos tormenta - de pacientes que llegan.

Una breve descripción del lugar de esta trama: El servicio de Emergencia de este enorme hospital se localizaba en un pequeño sótano del edificio principal. No mentiría si describiera a este sótano como un túnel; alargado y angosto, con una ventilación ausente y con escasas camillas para atender a los dolientes, mótivo por el cual me atrevería a decir que el 90% de pacientes eran atendidos en las banquitas de cemento apostadas frente a las camillas.

Trás ver todo tipo de dolencias y haber recibido más de un insulto por la demora en la atención - ¿Como poner 50 anillos a 3 dedos?.... fácil: 10 en cada uno - dieron las 11pm  cuando atravieza la puerta -resguardada por un policía y un matón contratado- un hombre de unos 55 años con la piel del color de la cera y un gesto de indudable dolor.
Me acerco:
- ¿ En que lo puedo ayudar? (un amateur como era en ese tiempo no hubiera tenido tanta contemplación en sonar educado ante una evidente emergencia)
Con pequeñas gotas de  sudor como rocío en la frente a duras penas me responde:
- Hace 2 horas vengo vomitando sangre.

Principiante era, pero bruto no. Ante la evidente descompensación del paciente grite: - Camilla!- Esperando inocentemente que alguién vendría a apoyarme. Volteo y veo a todos los demás igual de ocupados y contrariados que yo, con las pocas camillas disponibles ocupadas por personas en peor -si es que se podía- forma que mi paciente.
Lo acomodo en el banquillo de concreto y procedo a colocarle 2 vías gruesas con solución salina a chorro -como los libros mandaban- ante el claro Shock Hipovolémico en que se encontraba el pobre hombre.
Ya algo más estable, me dispongo a realizar un lavado gástrico para evidenciar si la hemorrágia continuaba o no. Hábilmente le inserto un largo y fino tubo de plástico por la nariz lo que irrefrenablemente le produjo un par de arcadas a modo de alerta. - Siempre pasa esto- me dije para ganar confianza en el procedimiento que ya había hecho incontables veces . Tras una arcada feroz, vi una inmensa marea parduzca y espesa volando por el estrecho espacio que me separaba del paciente, que terminó por aterrizar en mi pecho y derramándose hasta mis zapatos. Calculé medio litro de sangre semidigerida mezclada con jugos gástricos sobre mi niveo uniforme de batalla.  Del hedor que despedía mi entera persona no hablaré, pero recuerdo que una enfermera con la sonrisa a flor de piel me dijo: - Doctorcito! Bienvenido a la Emergencia!

Ya con algo de ropa limpia que pude agenciarme merced de mis ¨contactos¨  en la lavandería del hospital seguí viendo pacientes por varias horas más. Dieron las 3am y tomé conciencia que no había parado de trabajar y que no había tiempo ni para comer algo (ir al baño sería un lujo). Llegó el cansancio como un martillo en la cabeza, pero la situación no permitía descansar siquiera los cansados ojos. El Viernes en la noche nadie duerme decía un residente arengandonos pero derribando la poca moral que quedaba en mi.
De un momento a otro notamos como cada vez llegaban menos pacientes y las camillas se iban liberando. Las chicas y yo aprovechamos para apostarnos cada uno en una camilla para algunos minutos de paz. Cuando no sabía si tenía más sueño que hambre o al revés, el encargado de la puerta me anuncia que en la calle, a pocos metros de la entrada, se encóntraba un borrachito convulsionando. Sin dudar impulsé mi cuerpo como con un resorte de la camilla que ni se había calentado aún con mi cuerpo, para salir a la fría y húmeda calle. Pero para mi sorpresa el mismo encargado me frenó diciendo que este personaje cada cierto tiempo simulaba alguna dolencia para al menos por unas horas, poder dormir ¨la mona¨ en un lugar que no sea la arisca calle. Aún virgen en los ardíds de la profesión  hice caso omiso y salí a evaluar al beodo. A un metro de él una nube de aliento alcohólico me envolvió, mezclada con los olores propios de una vida en la calle.
10 segundos después ordené que el policía y el encargado de la puerta me ayudaran a cargarlo y acostarlo en ¨mi¨ camilla. Al vernos ingresar con el pordiosero en brazos, inconciente y apestando a trago corto (¿habrá sido thundercat o rompecalzón?) varias enfermeras ofuscadas trataron de hacerme abortar mi desición de ocupar una preciada camilla por un conocido timador.
- Será borracho pero está inconciente con depresión respiratoria!- anuncié impostando una seguridad de zorro viejo.
No les quedó más que acatar mi desición.

Las pocas horas que faltaban para sobrevivir a la prímera guardia infernal (no perder de vista que saliendo de la emergencia debía cumplir con mi día regular de labores en el piso del hospital) poco a poco se acercaron con una agradecida calma. Mis dos compañeras, ya con Morfeo, solo habían atinado a sonreir al verme donar ¨mi¨ camilla al supuesto farsante, mientras que ante las prímeras luces de un oscuro amanecer que se colaba por las contadas ventanillas del sótano, me sentía orgulloso de haber soportado el suplicio sin pegar pestaña alguna.

Tras la emocionante llegada del turno de la mañana les presenté el reporte de los pocos pacientes pendientes que quedaban y ocurrieron dos cosas:
- El ¨inconciente casi en paro respiratorio¨ borrachín, pegó un sonoro bostezo, estiró los músculos y se levantó muy sonriente. Hizo un par de sentadillas para mi asombro y vergüenza (y para la burla de todo el personal que había presenciado mi acto de autoridad) y se acercó a mi, aún mostrando los poco dientes que le quedaban y me dijo a modo de burla: - Gracias doctor! no sabe que rico se duerme aquí! La próxima vez pasó más temprano y nos tomamos unos tragos!

-Ya camino a ver a mis pacientes hospitalizados, y aún con la mezcla de bochorno y orgullo en mi mente, siento que me tocan el hombro. Al voltear veo a una mujer con un blanco bulto envuelto en un plástico. - Doctor, gracias por atender a mi esposo y disculpe el embarre-. Y acto seguido me entregó la bolsa que contenía un mandil recién comprado.
-Espero que le quede- me dijo, con cariño en la mirada.

No volví a cruzarme con el borrachín pendejerete y el mandíl me quedó chico, pero la gratitud de la señora me hizo olvidar el sueño, el hambre y la vergüenza.
Me fuí con la certeza que ya estaba preparado para lo mismo en 3 días más; y 4 días después me fuí con la certeza que nunca se puede estar preparado para ser un interno de guardia en la emergencia.

9 comentarios:

Luciano dijo...

Admirable y escalofriante. Me hace sentir algo de vergüenza cuando siento que "trabajo mucho" y lo que hago no es ni la 3ra parte de lo que mencionas.

Salud (con trago corto) por el Tunche sanador.

Anónimo dijo...

Wow que buen post tunche. Como dice Luciano , ustedes son una especie distinta.
Muy divertido!

Ya me imagino tu cara con tu mandil lleno de vomito y sangre jaja

El Tunche dijo...

Gracias Luciano y anonimo.
Sin duda algo de masoquistas tenemos que ser. Pero caballero, gajes del oficio.

un abrazo

Jen dijo...

Me quito el sombrero, pero ojo, sólo por algunos de tu club.

Abs

Mt dijo...

Yo estuve con el Tunche en esa guardia y puedo dar fe que todo lo que cuenta es cierto. La cara que tenia cuando lo vimos todo asqueroso juajua!! pagaria por repetirlo.

en todo caso detalles como el del borracho demuestran lo que en todo el tiempo que lo conozco sabemos tiene, y es el cariño y la calidad que tiene con sus pacientes.

Eres un tremendo doctor (el maldito ni estudiaba como el resto de los mortales y se sacaba notones!!) y sobre todo una tremenda persona.

Un besote y te espero aunque sea de visita en Barcelona :)

El Tunche dijo...

jaja
gracias Mt por tus palabras. Yo tampoco olvido aun tu carcajada al verme como estaba.
Buena guardia esa !

pd; No contare tu aventura del borrachito y la sonda vesical ;)

Ojos negros dijo...

me ha gustado tu relato.. debe ser una experiencia que nunca olvidarás...

saludos.

Z.

El Tunche dijo...

Gracias Z. Sin duda son anécdotas que nunca se olvidarán.

Bienvenida a la peluca por cierto :)

J dijo...

Que cague de risa! ya identifique quienes fueron las marmotas que te acompañaron en tu guardia. Yo tambien tuve rotaciones con ellas y para colmo roncan jajaja
muy bueno tuncheman

J