Iluso él, perdió la fuente de su poder sobrehumano, la peluca. Dalila un día la cambió por un cartón de cigarros, y así llego a nuestras manos, previa coima de ley. Yo (aka El Tunche) y mi hermano gemelo de distinta madre y padre (aka El Minotauro), contamos con la pelucadesansón, la cual nos adjudica el poder y derecho divino de criticar, joder y pastrulear a quemarropa. Tú! ven y hazte acreedor de alguna mecha de la peluca, poder infinito de opinar y divagar libremente. NO LO LEASSSSS

16.6.09

Fuego en el infierno

Ya se estaba acostumbrando al calor, era comprensible ya que habian pasado 200 años desde el inicio de su estadía.

El hombre es capaz de adaptarse a las situaciones mas impensadas, lo único que se necesita es algo de tiempo y alguna motivación. Casi siempre estas motivaciones que en contextos catastróficos hacen su aparición, son tan solo un mecanismo de nuestra pendeneciera mente con el único propósito de la autoconservación. Sabiamente nos crea fantasías consoladoras, que abrazan, que se meten en uno (cuando en realidad nunca estuvieron fuera) y nos obligan a levantar la cabeza y ver al frente, al tiempo inexistente, al futuro. Gracias a este instinto de autoconservación no nos colgamos del pescuezo al menor trágico acontecer. Algunos lo llaman esperanza, otros fe, dios, religión y otras especias. La realidad ¨virtual¨ creada por nuestros sesos actúa como el postre al final de una nada apetecible cena o como la veta de oro entre metros de roca agresiva.
Bueno, este hombre llevaba ya 200 años en el infierno. Pero que son 200 años comparados con toda la eternidad! El ardor en las llagas abiertas de cada centímetro de piel ya no le perturbaba, el insoportable hedor a azufre quemando el fondo de su garganta se convirtio en tolerable, los llantos y escalofriantes lamentos de hombres y mujeres siendo torturados por los mas sádicos demonios se tornaron indiferentes a sus oídos anestesiados. Pero esto no fue siempre así... Cuando recién concluyó su descenso hasta el infierno mismo, le costó concebir la posibilidad de cumplir su condena; una eternidad de sufrimiento inimaginable sin respiro, sin piedad.
El vapor caliente y espeso quemaba sus corneas haciéndolas burbujear y le dificultaba ver con claridad por mas de unos segundos. Sufrimiento eterno era su destino.
Meditar era imposible, concentrarse y escucharse a uno mismo era una tarea inútil, los demonios no solo torturaban su cuerpo de las mas sórdidas maneras sino también penetraban su mente haciendo la tortura una penuria sin escape.

¨Me lo merezco¨- se repetía. Estaba seguro que el destino que le tocaba era ese, había cumplido con los (de)méritos durante toda su vida para llegar a donde estaba . Cada poro de su cuerpo sangraba culpa, culpa espesa y roja, llena de arrepentimientos y de certeza. Certeza que este era el fin, el inicio de un final eterno, un laberinto sinfín, sin escape de la mas inhumana supervivencia. Era un fin sin final.

El único medio que encontró para espantar temporalmente los demonios de su mente (aunque seguían con las torturas físicas) era repitiendo con los ojos cerrados: ¨Me lo merezco, me lo merezco, me lo merezco...¨. En algún momento le causó curiosidad el hecho que este repetitivo rezo ahuyentará de tal manera a los demonios, pero no podía dejar de repetir esta especie de mantra, ya que el suplicio generado por los demonios en su cabeza no tenían computación con cualquier otra tortura física. Los demonios mentales siempre son los peores.

Este hombre se mantuvo muchos años repitiendo su mantra y con los ojos herméticamente cerrados, cada intento de abrir los ojos era en vano, el calor quemaba sus corneas y los pocos segundos que lograba enfocar la vista veía las imágenes mas sórdidas que su cabeza alguna vez imaginó. Nada de lo vivido en la superficie, cuando era libre, era comparable a lo que estaba experimentando y peor aún, lo que debía experimentar durante toda la eternidad.

Pasaron unos 50 años mas, nada cambiaba, el sufrimiento era constante, pero al menos su cabeza andaba nublada y bloqueada a cualquier pensamiento que no sea el de repetir su mantra. Pero en un momento decidió sin ninguna expectativa mas que la de descubrir otra sensación, obviamente implacentera, abrir los ojos y soportar el dolor. Y así lo hizo, los primeros años tuvo que soportar un dolor nunca sentido en su ya larga (y corta aún) estadía en el averno. Los ojos le sangraban pero aun así soporto y poco a poco este insoportable dolor se volvió soportable, así como el hedor a azufre quemando su garganta, el ardor en sus llagas abiertas y los llantos de los hombres siendo torturados. Solo se necesitaba tiempo.
Cuando finalmente pudo abrir por completo los ojos, vió lo que tanto tiempo había estado escuchando. Gente en el mayor sufrimiento posible, gritando, llorando, repitiendo frases sin sentido y, absolutamente todos, permanecían con los ojos cerrados. Inclusive pudo ver como ya algunas personas habían perdido los ojos. En su lugar había tan solo una cicatriz supurando pus mezclada con sangre espesa como su culpa. Debe ser el resultado de mantener los ojos cerrados tanto tiempo, pensó.

Estuvo muchos años mas en agonía perpetua, reforzando su culpa y observando el infierno desde adentro, observando todo lo que pudiera. Mientras se arrastraba noto en una esquina una puerta. Una puerta entreabierta... sin duda era la salida. ¿La salida del infierno?, se preguntaba incrédulo, en algún segundo que liberaba su cabeza del mantra hipnotizador. ¿Y porque nadie la resguarda, ningún demonio? Nadie salia, nadie la notaba...todos estaban con los ojos cerrados reforzando sus culpas para evitar que los demonios penetren sus mentes, o al menos eso pensaban.

Se arrastró como pudo, las yemas de los dedos en carne viva, sin uñas, como un gusano buscando su pútrido bocado, llegó a la puerta. Logró manipular la perilla hirviente y salió del infierno para no volver en toda la eternidad.

11 comentarios:

Maria Pia dijo...

wow tunche que buena esta! muy grafico fiel a tu estilo y visualice la historia totalmente. Me encanto!

sebastian dijo...

Te felicito maestro, muy buena.

Lo demonios mentales siemore son los peores....muy cierto

saludos pelucas

Denise dijo...

desde lo mas profundo del infierno un beso tunche, genial como siempre...

Anónimo dijo...

tu creattividad no tiene limites muchacho :)

Julieta Abiusi dijo...

Es como el mito de la caverna pero el, muy vivo, no vuelve. Realmente hay lugares donde uno no tiene pq volver. Es suficiente.

Viviana dijo...

lo mas increible es que hay muchisimas personas que viven asi con sus demonios internos y por no abrir los ojos o ver mas lejos de su nariz no ven una salida o solucion.. ;)

sebastian dijo...

muy cierto Viviana, aunque esta la gente que disfruta mantenerse con los ojos cerrados y no quiere salir nunca de donde esta.

·M· dijo...

¿Como es que dice ése dicho estúpido de por ahí....? mmm es "mejor malo conocido que bueno por conocer"... y la gente se lo cree!

A veces somos tan cobardes que por no enfrentar nuestra realidad de momento cerramos nuestros ojos y hasta los perdemos.

La enseñanza viene siendo como diría Mario "No te salves".

Increíble Tunche! Aplausos colombianos!.

Saludos y buenos deseos pelucas, que nadie se salve!

cin dijo...

oye tunche me encanto este cuento, bastante dark me encanto en serio, tienes talento sabias? y mucho
un beso

El Tunche dijo...

que nadie se salve ...!

Me alegro que les gustó, y también entiendo a los que no les gustó, era esperado.
En lapeluca tratamos que haya de todos los sabores.

Pero si pues, supongo que todos tenemos algo de cobardes y de masoquistas (unos más que otros).

un abrazo para todos

Beatriz dijo...

Buenooooo!!


Es un placer leerte querido.
La salida del infierno está ahí, basta con abrir los ojos. Yo estuve ahí, solo que no los quería abrir; como tu dices, todos somos masoquista en alguna parte. Me encantó leerte.